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Cómo tratar las rabietas de tus hijos
04 abr
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Las rabietas en los niños son comportamientos destructivos que responden a a deseos no satisfechas o simplemente a "arrebatos emocionales" cuando no se les permite  hacer o tener algo que el desea. También pueden corresponder a la incapacidad para controlar las emociones debido a una frustración y dificultad para expresar una necesidad o deseo particular.

 

Factores que contribuyen a las rabietas:

 

  • Del desarrollo. Las rabietas aparecen cuando las emociones negativas de ira o frustración exceden de la capacidad del niño para controlarlas. En los niños pequeños, el conflicto entre el impulso por la autonomía y la dependencia continua crea frustración y estrés emocional. Qué vestir, qué meterse en la boca, adónde ir y cuándo marcharse son muchas de las decisiones que los niños pequeños querrían tomar independientemente pero que no pueden hacer. El lenguaje, un medio crucial para la expresión emocional y la autorregulación, es habitualmente demasiado inmaduro para servir de ayuda. En los niños mayores, las rabietas pueden ser una conducta aprendida, reforzada por la adaptación de los padres o, paradójicamente, por la intensa atención negativa que despiertan.
  • Temperamentales. El temperamento desempeña un papel importante. Los niños nerviosos tienden a expresar sus sentimientos dramáticamente, los niños obstinados son propensos a demostraciones más largas; es probable que los niños con pautas de sueño o de apetito irregulares encuentren sus necesidades frustradas más a menudo.
  • Ambientales. Las rabietas pueden asociarse con un cierto número de factores ambientales, incluyendo el hacinamiento y el acceso limitado al exterior. Los riesgos familiares del aumento de rabietas incluyen el estrés familiar, la violencia doméstica, la depresión de los padres, el consumo de drogas, los castigos corporales frecuentes y la incapacidad de marcar límites firmes.
  • Orgánicos. Las infecciones respiratorias altas recurrentes, las alergias respiratorias, los trastornos del sueño, las pérdidas de audición, los retrasos del lenguaje y el trastorno del déficit de atención con hiperactividad (TDAH) se asocian todos ellos con un aumento de las rabietas. Las rabietas también pueden estar incrementadas en el autismo, en las lesiones cerebrales traumáticas y en el retraso mental grave.

 

 

Estrategias de tratamiento iniciales

 

  • Poner la casa «a prueba de niños», con objeto de reducir el número de ocasiones en que los padres se ven obligados a decir que «no».
  • Permitir que los niños pequeños realicen pequeñas elecciones frecuentes, todas dentro del terreno de lo aceptable (p. ej., «¿Quieres tomarte la leche en el vaso azul o en el rojo?»).
  • Limitar las frustraciones atendiendo al temperamento del niño y sus ritmos. Los niños activos pueden necesitar correr cada día; los niños que tardan en «calentarse» precisan más tiempo para acostumbrarse a un nuevo ambiente; los niños que tienen hambre cada día a las 5 de la tarde necesitan tomar una merienda antes de cenar.
  • La negativa debe ser irrevocable. Muchos padres dicen «no» cuando realmente quieren decir «me parece que no». Cuando el niño protesta suficientemente, el padre 0 la madre cede, recompensando con ello la rabieta. Los niños rápidamente distinguen entre los «NOes» duros («No se juega con los cuchillos») y los «NOes» blandos («no hay galletas antes de cenar») y rara vez sufren rabietas a causa de los primeros. Los padres necesitan aprender a elegir sus enfrentamientos cuidadosamente y planearlos para ganar. Ignorar es una manera efectiva de impedir las rabietas o, al menos, de evitar reforzarlas. En algunos casos, sin embargo, dejar a un niño en medio de una rabieta puede hacer que éste se sienta más descontrolado y que suba de tono. Además, cuando los padres empiezan a ignorar las rabietas, éstas pueden intensificarse durante un período de días 0 semanas antes de empezar a ceder. Las instrucciones específicas a los padres sobre cómo reaccionar pueden ser útiles, por ejemplo: «Sepárese a dos pasos. Continúe haciendo lo que estuviese haciendo. No hable o hable sólo con un tono de voz neutral. Si su hijo está cerca de un objeto duro, mueva al niño o al objeto. No deje que el niño se haga daño o cause daño a nadie».
  • Asegurarse de que las rabietas no amenazan la autoestima como declaraciones humillantes después de la rabieta. Los padres deben hablar de «perder el control» en lugar de «portarse mal» y evitar hablar mucho de la rabieta después.

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