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La necesidad de ser aprobado por los demás
15 nov
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La necesidad de ser aprobado por los demás

Casi siempre buscamos nuestra necesidad de ser aprobados por los demás. Damos, damos... y no recibimos. Yo soy bueno/a pero no recibo. Inconscientemente tengo una creencia limitante de "yo no merezco el amor". La necesidad de aceptación provoca que hagamos muchas cosas inconscientes por buscar la aceptación, y cuando no lo logramos, es cuando nos sentimos mal por sentir el inevitable rechazo.

Cuando logres amarte a ti mismo, cuando logres aceptarte tal como eres… ese día dejarás de buscar el amor allá afuera, porque ya lo tendrás adentro y, desde ese momento, buscarás a quien darle amor sin esperar que te den amor. Desde ese momento dejarás de sentirte rechazado y desde ese momento comenzarás a ser libre.


Cada vez que nos traicionamos a nosotros mismos dejando de hacer algo que queremos, para hacer algo que quieren los demás, estamos avivando sentimientos de culpa o baja autoestima. ¿Qué nos impulsa a estar siempre pendientes de las necesidades de los que nos rodean? ¿Amor en estado puro? Quizás en algunos pocos casos, pero en la mayoría básicamente nos encontramos con:

 

Miedo a sentirse rechazado: ¿y si no me quieren? ¿y si no me aceptan como soy o lo que hago?
Poca Autoestima: los demás valen más que yo, yo no soy tan importante, esto puedo hacerlo luego ya que no me hace falta, no me merezco tanto, es mejor que lo tengan y disfruten otros…
Deseo de formar parte de los otros: no quiero sentirme solo, si digo que no, ¿volverán a llamarme?
Necesidad de reconocimiento: necesito que me digan que lo hago bien, necesito que aprueben mi trabajo, necesito que me animen constantemente, necesito sentirme apreciado…
Sentimiento de culpa: debo conformarme con menos, fíjate que poco tienen otros, no debo quejarme, tengo que conformarme con lo que tengo, yo estoy bien así…

Ejemplos de comportamientos de este tipo son cotidianos y es probable que conozcais a mucha gente que actúe de forma parecida: decir que sí siempre a todo lo que nos piden que hagamos, intentar quedar bien con todo el mundo, poner los valores e ideas de otros por delante de las nuestras, acceder a hacer cosas o favores que no queremos hacer, no pedir nunca ayuda a los demás para no molestar, cuidar de la salud de otras personas pero no de la nuestra, etc.


Hay una metáfora que se emplea en psicología llamada "infusión emocional" y habla sobre el efecto de las emociones en el cerebro: Si uno pone una bolsita de té en el agua, ésta se empieza a colorear del color del té; de la misma manera, si uno pone una emoción en el cerebro, ésta colorea el presente y el pasado de nuestra vida. El agua es nuestra forma de ver las cosas, de procesarlas. Se trata de un mecanismo de las emociones para que seamos más conscientes de ellas: si estamos tristes, ver las cosas tristes nos permite centrarnos en los posibles problemas; si tenemos miedo, pensar en esos términos nos ayuda a estar atentos. Igualmente podemos poner una infusión de emociones positivas en nuestra vida, uno de los grandes recursos que tenemos para disfrutar de la vida.


Cuanto más autoconocimiento tengamos, más trabajemos la autoestima, la automotivación –capacidad de saber que tenemos recursos frente a las frustraciones– y el autocontrol –enlazado con nuestras relaciones con los demás– mejor será nuestra vida. Nosotros elegimos actuar de una forma u otra ante una situación, ahí radica nuestra libertad.

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